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Líneas aéreas: veinte pies, y mire arriba dos veces

29 CFR 1926.1408 · 5 min · Léala en inglés

Overhead lines: twenty feet, and look up twice: the placard for this talk

Uno no puede distinguir una línea viva de una muerta con solo verla, y nadie va a venir a avisarle.

Los puntos

  • Trate toda línea aérea como energizada y sin aislamiento. No se puede saber viéndola, y la compañía eléctrica no se lo va a avisar.
  • Para líneas de hasta 350 kV mantenga todo a veinte pies: pluma, carga, aparejos, manos, a menos que la línea esté desenergizada y visiblemente aterrizada, o que la compañía eléctrica confirme el voltaje para usar la distancia de la Tabla A.
  • Mire hacia arriba en cada montaje, y otra vez cada vez que la máquina se mueva. La distancia que midió era para donde estaba la máquina.
  • Si el equipo llega a tocar una línea, quédese sobre la máquina. El suelo alrededor está energizado. Solo si se incendia, salte con los dos pies juntos y aléjese arrastrando los pies sin levantarlos.
  • Una persona cuyo único trabajo es vigilar esa distancia vale más que la cinta métrica.

Por qué sale mal

Las líneas eléctricas aéreas matan gente en este oficio cada año, y el patrón casi siempre es el mismo: la cuadrilla sabía que la línea estaba ahí. La vieron en la mañana, se acomodaron lejos de ella, y luego la máquina se movió, o la pluma giró, o la carga se columpió, y la distancia que midieron era para donde estaba la máquina antes.

Para líneas de hasta 350 kV la distancia normal es de veinte pies para todo: pluma, carga, aparejos, cuerda guía, manos. Arriba de eso aumenta. Para acercarse más se necesita a la compañía eléctrica: que desenergice la línea y quede visiblemente aterrizada, o que confirme el voltaje para usar la distancia menor de la Tabla A. Eso es una llamada y una confirmación, no una suposición. Veinte pies es el número para el equipo, y es más que los diez pies que quizá haya oído para las personas a pie: en cuanto hay una grúa o una pluma de por medio, el de veinte es el normal.

Veinte pies son más de lo que parecen desde el asiento de una máquina. La percepción de distancia en ese ángulo es mala y la línea se ve delgada contra el cielo, y por eso un señalero dedicado -alguien cuyo único trabajo sea vigilar esa separación, sin otra tarea- ve lo que el operador no puede ver.

Si llega a haber contacto, la máquina es el lugar más seguro, porque uno no forma parte del camino a tierra. El peligro es el suelo mismo: el voltaje se extiende por la tierra en anillos, y cruzar esos anillos pone una diferencia de potencial entre sus dos pies. Por eso la salida, si el fuego obliga, es saltar sin tocar la máquina y el suelo al mismo tiempo, caer con los pies juntos, y alejarse arrastrando los pies sin separarlos nunca.

Preguntas para la cuadrilla

  1. ¿Dónde está la línea más cercana a donde vamos a trabajar, y a qué distancia está de verdad?
  2. ¿Quién es el señalero hoy, y tiene alguna otra tarea?
  3. ¿Qué hacemos en esta obra cuando la máquina se tiene que reubicar?

Para cerrar

Antes de que algo suba hoy, todos miramos hacia arriba juntos y quiero ver el dedo de alguien apuntando a la línea.

Para tener la plática con su cuadrilla

1

Léala en voz alta. Cinco minutos, antes de que empiece el trabajo.

2

Haga las preguntas. La cuadrilla que habla es la que recuerda.

3

Que firmen en sus propios teléfonos, y el registro queda sellado.

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